Plomero novato se empotra a su hermanastra latina
La nueva hermanastra colombiana llegó con ese culito prieto y esa boca que solo pedía ser rellena, y él, el plomero torpe pero con una verga que no paraba de latir, no pudo resistirse cuando ella le propuso arreglarle el caño del baño... a cambio de algo más que dinero. Desde el primer día que la vio en shorts ajustados y camiseta mojada por el sudor, supo que no aguantaría ni cinco minutos sin meterle los dedos entre sus piernas y sentir lo caliente que tenía el coño. Cuando él se arrodilló para revisar la tubería, ella le agarró la cabeza y le enterró la cara entre sus muslos, gimiendo fuerte mientras él le lamía el clítoris hasta dejarla temblando. La polla se le puso dura al instante, palpitando bajo el pantalón de trabajo sucio, y cuando por fin la sacó, ella no lo pensó dos veces: se arrodilló en el suelo de cerámica fría y se la chupó con ganas, saboreando cada vena gruesa y gruñendo de placer al sentirla golpearle la garganta. Él la levantó como si no pesara nada, la sentó sobre el lavabo y le arrancó la tanga de encaje antes de empalarla con un solo empujón que la hizo gritar de dolor mezclado con lujuria. El agua del caño roto seguía cayendo sobre sus cuerpos desnudos mientras él la embestía con fuerza, agarrándola de las caderas para que no se moviera y sintiendo cómo el coño le apretaba la verga como un puño caliente. Ella le arañó la espalda y le susurró al oído que quería que la dejara embarazada, que le llenara ese vientre con su leche espesa, y eso lo volvió loco: la tumbó en el suelo, le levantó las piernas sobre sus hombros y se la clavó hasta el fondo, haciendo que los gemidos resonaran en las paredes del baño. Cuando por fin se corrió, fue con un rugido animal, descargando toda su leche dentro de ella mientras a ella se le escapaba un orgasmo tan intenso que le mojó las sábanas del colchón que tenían justo al lado. Después, sudados y jadeantes, se quedaron tirados en el suelo, ella con las piernas temblorosas y él con la verga todavía dura, preguntándose cuánto más podrían aguantar antes de repetir.