Rubia japonesa pone dos pollas a gozar al mismo tiempo
La rubia japonesa Rina Umemiya llevaba una falda ajustada que apenas le cubría el culo prieto y unos tacones que hacían clic en el suelo cada vez que se movía, pero lo que más llamaba la atención eran sus tetas perfectas apretadas contra el sujetador de encaje. El primero en acercarse no pudo resistirse y le metió los dedos entre las piernas, notando cómo su coño se empapaba al instante mientras ella gemía con voz ronca. Rápido, el otro tipo se acercó por detrás y le bajó las bragas de un tirón, dejando al descubierto un culo redondo y bien puesto que no tardó en recibir una buena tunda. Entre los dos la pusieron de rodillas sobre la cama baja, con una polla bien dura en cada mano, y Rina no dudó en empezar a chupar una mientras se masturbaba con la otra, con los labios rojos y húmedos envueltos alrededor del glande. El primero le agarró la cabeza con fuerza y le empotró hasta la garganta, haciéndola atragantarse mientras le escocían las mejillas y los jugos le resbalaban por la barbilla. El segundo se colocó detrás y le abrió las nalgas con las manos, escupiendo saliva en el agujero prieto antes de clavarle la verga hasta el fondo, arrancándole un grito ahogado que resonó en la habitación. Rina no paraba de temblar, con los pezones duros como piedras y el coño goteando, mientras los dos le metían y sacaban las pollas sin piedad, alternando entre el coño y el culo para que no tuviera tiempo de recuperarse. Cada embestida le hacía arquear la espalda y soltar gemidos guturales, mezclando dolor y placer hasta que no pudo más y se corrió con espasmos que le sacudieron todo el cuerpo, dejando manchas blancas en la cama. Los tipos no se detuvieron ahí, sino que la viraron como una muñeca y la pusieron a cuatro patas, empalándola de nuevo con fuerza, esta vez los dos a la vez en el coño, mientras le agarraban las tetas y le marcaban las caderas con los dedos. Rina seguía gimiendo como una puta en celo, con la boca abierta y la lengua fuera, hasta que al final los dos se corrieron dentro de ella, llenándole el vientre con leche caliente mientras le resbalaba por las piernas. Quedó tirada en el suelo, jadeando y con los muslos pegajosos, pero los tipos ni siquiera le dieron tiempo a recuperarse antes de empezar a sobarla de nuevo, porque con esta rubia no hay quien se canse.