Chica japonesa abre el jean roto y pide que le chupen la concha
La morrita nipona llevaba días caminando por el parque con el jean más ajustado que su cuerpo esbelto, frotando sin pudor el jean roto contra el banco donde él se sentó a fumar. Con una sonrisa pícara y un suspiro que le erizó la piel, se agachó frente a él, le abrió el pantalón con dedos ágiles y sacó esa polla gruesa que ya asomaba húmeda de pre-semen. Sin decir ni pío, se la llevó a la boca con movimientos lentos de lengua, lamiendo cada vena mientras gemía con los labios bien pegados al tronco, chupando con tanto morbo que él no pudo evitar agarrarle la nuca para empotrarla más fuerte. La morra no se quejó, al contrario, se mojó entera al sentir cómo le apretaba el coño entre las piernas y le lamía los huevos con saliva caliente, dejando que el semen le resbalara por la garganta mientras le pedía a gritos que le metiera los dedos dentro. Él no se hizo de rogar, le metió dos dedos en el coño peludo y empapado, frotando el clítoris con el pulgar mientras ella se corría en chorros que le empaparon los muslos, gritando como puta en celo y pidiendo más. La cosa se puso más bestia cuando él le arrancó el jean roto de un tirón, dejándola en tanga transparente que ya estaba empapado de jugos, y la levantó contra el árbol más cercano para empotrarla como animal, con las piernas alrededor de su cintura y el culo botando contra su pelvis. Ella le arañaba la espalda mientras él le llenaba el coño de polla dura, gruñendo como bestia al sentir cómo el coño le succionaba la verga y le hacía soltar chorros de leche espesa en sus entrañas, hasta que ella se corrió otra vez con espasmos que le hicieron eyacular dentro sin parar. Al terminar, la morra se dejó caer contra el árbol, jadeando con la boca abierta y la polla aún goteando semen entre sus tetas naturales, pidiendo que le lamiera cada gota que le caía por la piel mientras se reía como loca, satisfecha de haberle dejado el coño hecho un desastre y la mente en blanco.