Chica asiática se corre con taza de masturbarse a gritos
Llevaba horas con la taza de plástico pegada a su coño depilado mientras se mordía el labio inferior, los ojos cerrados y la respiración entrecortada porque sabía que esta vez no aguantaría ni un segundo más. La luz tenue de la lámpara le resbalaba por las tetas pequeñas y firmes, haciendo que los pezones rosados se endurecieran como botones mientras se frotaba el clítoris con movimientos circulares y desesperados. Con la otra mano le daba golpes rápidos a su polla gruesa y morada, que ya goteaba gotas de pre-semen por la punta, mojando la base donde se le pegaba el vello corto y negro. Entre gemidos guturales y susurros en chino mezclados con jadeos en español, se imaginaba que eran dos dedos gruesos dentro de su raja empapada, sintiendo cómo cada embestida le llegaba hasta el fondo del coño mientras el plástico de la taza le chupaba el clítoris con cada movimiento brusco. La humedad le resbalaba por los muslos, dejando manchas brillantes en el sofá donde estaba sentada, y no pudo evitar arquear la espalda cuando un espasmo le recorrió todo el cuerpo al sentir que la leche espesa y caliente le salpicaba la mano, el vientre y hasta le manchó los pechos cuando el chorro le llegó con fuerza. Se lamió los labios entre sollozos de placer, sintiendo el sabor salado de su propia excitación mezclado con el olor a sexo que inundaba el cuarto, mientras se daba cuenta de que esa taza barata le había dejado el coño tan rojo y sensible que ya no podía parar de tocarse aunque le doliera, buscando otro orgasmo con los dedos temblorosos. El sonido húmedo de su carne al masturbarse resonaba en la habitación, mezclado con los gruñidos roncos que salían de su garganta cada vez que apretaba los muslos contra la taza, como si quisiera que nunca se le escapara ni una gota de ese placer que le nublaba la mente. Cuando por fin se derrumbó contra el respaldo, con el cuerpo tembloroso y la polla aún dura en la mano, supo que tendría que repetirlo mañana porque esta vez no le había bastado con una sola corrida.