RinaBraz y su culo perfecto en un polvo casero prohibido
RinaBraz te mira con esos ojos verdes mientras se muerde el labio, sabiendo que esto está mal pero no puede parar. La agarras del pelo, tirando hacia atrás para que arquee la espalda, y le susurras al oído que es una puta que no merece tu polla, pero igual te la metes hasta las pelotas en su coño mojado. Sientes cómo sus uñas largas se clavan en tus hombros mientras te la montas a horcajadas, el culo tatuado rebotando contra tu vientre con cada embestida. El sonido de sus gemidos ahogados en la almohada te vuelve loco, y acelera el ritmo hasta que el colchón golpea la pared. En más de 14 minutos de escena, la haces correrse tres veces, pero no te detienes: le das la vuelta, la pones de perrito y le abres el culo con las manos para empotrarla hasta que el sudor te quema los ojos. Cuando por fin te corres, su espalda queda marcada por tus dedos y el semen le gotea por los muslos. La ropa interior rota está tirada en el suelo, olvidada.