Recuerdos cachondos de un cumpleaños de pez que me volví a ver
Aquel día estaba más borracho que una cuba y el pez ese se movía como si estuviera bailando reggaetón en vez de nadar, pero lo peor fue cuando me di cuenta de que la cámara seguía grabando sin piedad. Entre risas de borracho y manoseos sin rumbo, mi polla se puso más dura que el cristal de un acuario cuando vi el vídeo al día siguiente, con el coño de la morena bien empapado y mis dedos hundiéndose en su culo sin compasión. Ella gemía como loca cada vez que la embestía contra el sofá, con la espalda arqueada y los pezones duros como piedras, mientras yo le metía la verga hasta la garganta sin piedad. Las luces del bar parpadeaban como si el mundo se hubiera vuelto loco, pero a mí solo me importaba el sonido húmedo de su coño chorreante cada vez que me la clavaba hasta el fondo. La muy putilla se retorcía de placer cuando le agarré las tetas y le mordí el cuello, sintiendo cómo su piel se erizaba bajo mis dedos mientras le llenaba la boca de babas antes de correrme dentro de su culo apretado. El vídeo seguía, mostrando cómo me la comí entera, con la lengua metida hasta la garganta mientras le chupaba los jugos como si fuera un postre, y después me corrí sobre su cara dejando hilos blancos en sus mejillas sonrojadas. Ahora cada vez que lo veo, me excito tanto que tengo que masturbarme con furia recordando cómo su coño resbaladizo se tragó mi verga una y otra vez, cómo sus gemidos agudos llenaban la habitación mientras la empotraba sin piedad hasta que ambos quedamos exhaustos y sudorosos.