Puta pelirroja se empotra con dos pollas duras
La pelirroja no podía aguantar más las ganas desde que la vieron llegar con ese vestido ajustado que le marcaba el culo prieto y los pechos saltarines. El primer tipo le agarró la melena rojiza y le metió la verga dura en la boca mientras el otro le lamía el coño empapado sin piedad. Ella gimió con la polla clavada en la garganta, sintiendo cómo se le escurría la saliva por las comisuras y le resbalaba entre los pechos desbordados. El de atrás le abrió las nalgas con las manos musculosas y le escupió en el culo antes de empotrarle la verga hasta el fondo, arrancándole un aullido que resonó entre los azulejos de la piscina. La pelirroja se retorció entre ambos, con las tetas botando al ritmo de las embestidas brutales, mientras el primero le metía los dedos en la boca y le ordenaba que los chupara bien sucios. Le encantaba que le dieran fuerte, que le llenaran todos los agujeros hasta dejarla hecha un trapo mojado, y no tardó en sentir cómo el coño se le contraía al borde del orgasmo. El de la boca le ordenó tragarle la leche espesa hasta la última gota antes de correrse él también, mientras el otro le reventaba el culo a chorros gruesos que le chorreaban por los muslos. Ella se dejó caer contra la pared de la piscina, con la respiración entrecortada y el maquillaje corrido, pero aún con ganas de más. La pelirroja disfrutaba cada segundo de ese trío sucio, sintiendo cómo le quemaba la piel con cada embestida y cómo el sudor le dejaba el vestido pegado al cuerpo como una segunda piel. No importaba si era la primera o la décima vez, ese placer bruto y descontrolado siempre la dejaba exhausta y completamente satisfecha.