Primera vez anal salvaje con mi novia Sasha Paige
El sofá de cuero negro brillaba bajo la luz tenue de la lámpara, el mismo donde Sasha Paige había estado sentada por semanas, cruzando y descruzando esas piernas que me volvían loco. Llevábamos días robándonos miradas cargadas de deseo, sus suspiros cada vez más audibles cuando creía que no la escuchaba. Esa noche, al fin, no aguanté más. La empujé contra el respaldo, sus manos temblorosas buscando apoyo mientras le bajaba los jeans ajustados. Su culo rosado y apretado me suplicaba sin palabras, y cuando le escupí entre las nalgas, gimió como una perra en celo. La primera vez anal salvaje no iba a ser tierna: la penetré de golpe, su cuerpo arqueándose al sentir mi polla gruesa rompiendo ese anillo virgen. Murkovski, que nos observaba desde el otro lado, se tocaba la verga al ver cómo Sasha gemía con cada embestida, sus uñas clavándose en el cuero. La cambié a perrito, sus tetas colgando mientras le azotaba el culo hasta dejarlo rojo, y cuando la puse a horcajadas sobre mí, sus caderas circularon como si llevara años montando. El clímax llegó cuando la volví a empotrar contra el sofá, su coño goteando mientras le llenaba el culo de semen. Murkovski no pudo evitar correrse al verla tan rota, su polla escupiendo chorros sobre su espalda sudorosa.