Leni empala el culo enorme de su mamá
Leni llevaba días mirando cómo el culo prieto y respingón de su mamá se movía al caminar, apretando la tela del vestido contra esa carne que pedía a gritos ser violada. La primera vez que la vio doblada sobre la mesa de la cocina, con las tetas apretadas contra la madera y el coño chorreando sin pudor por la excitación, no pudo aguantar más. Se acercó sigilosamente por detrás, le subió el vestido hasta la cintura y le arrancó el tanga de un tirón, dejando al descubierto un coño ya empapado y un culo que temblaba de ganas. Sin preámbulos, le escupió saliva en el agujero bien prieto, metió dos dedos para abrirla y luego clavó su polla dura como una piedra hasta el fondo, arrancándole un chillido que resonó en toda la casa. Su mamá, lejos de resistirse, empujó su culo hacia atrás para que cada embestida le hiciera gemir más fuerte, con los jugos resbalando por sus muslos mientras la polla de Leni la reventaba por dentro. Los gritos se mezclaban con el sonido húmedo de los golpes de carne contra carne, el perfume a sexo y sudor llenando la habitación mientras él la empotraba sin piedad, clavando sus uñas en las caderas de ella para no soltarla ni un segundo. La mamá, convertida en una puta sin control, le suplicaba que no parara, que la llenara toda, que la dejara correrse sobre su polla gruesa que la estaba destrozando por dentro. Leni, con los huevos bien cargados, aceleró el ritmo hasta que sintió que su leche espesa empezaba a brotar, disparando chorros calientes contra las paredes del culo de su mamá hasta dejarla llena, temblorosa y completamente rendida bajo su cuerpo. Cuando por fin se retiró, el líquido blanco le resbalaba por las nalgas mientras ella se desplomaba sobre la mesa, jadeando y con las piernas convertidas en gelatina por tantas embestidas brutales.