Madrastra madrugada le chupa la polla con furor
A las cinco de la mañana, cuando aún el sol no asomaba por la ventana, ella ya tenía la boca bien abierta esperando que él se la metiera hasta la garganta. La madrastra, con sus tetas enormes rebotando contra el pecho de él mientras le agarraba el culo con ambas manos, no podía esperar más: después de semanas de miraditas y roces en la cocina, esa noche le iba a dar lo que tanto deseaba. Él, con la verga dura como un fierro y palpitando, le clavó los dedos en las caderas y la empujó contra la pared del salón, donde la alfombra olía a sexo viejo pero a nadie le importó. Ella gimió con la boca llena, sintiendo cómo la leche le resbalaba por la barbilla mientras le chupaba la polla sin piedad, lamiendo cada vena desde la base hasta la punta antes de tragársela otra vez con un ruido húmedo que los excitó más. De repente, él la arrastró al sofá, le arrancó el short de pijama y le escupió en el coño empapado, que brillaba bajo la luz tenue de la lámpara. La madrastra, con los muslos temblando, se dejó caer de espaldas y abrió las piernas como una puta en celo, mostrando ese clítoris hinchado que pedía a gritos que se lo comieran. Él no lo dudó: se agachó y se la lamió desde el culo hasta el coño, sintiendo cómo ella se retorcía y le tiraba del pelo para que no parara. Cuando ya no pudo más, la puso de cuatro patas sobre el regazo, le metió dos dedos en la raja y le susurró al oído que se iba a correr como una perra en celo. La primera embestida fue brutal, con la polla entrando y saliendo del coño sin piedad mientras ella gritaba y le clavaba las uñas en los muslos, pidiendo más. Él le agarró los pechos desde atrás, los apretó hasta que le dolió y aceleró el ritmo, empotrándola con fuerza mientras el sofá crujía bajo el peso de ambos. Cuando sintió que ella empezaba a convulsionarse, le agarró la cabeza y le metió la polla hasta la garganta una última vez, ahogándola con la corrida caliente que le llenó la boca y le resbaló por las tetas, dejándola completamente empapada en semen y sudor. Al final, ella quedó tirada en el suelo, con la polla aún goteando semen y el coño tan mojado que le escurría por las piernas, jadeando como una puta satisfecha después de una noche de locura.