Mr Dimples se deleita con mi culo redondo y mis pies descalzos
La luz del sol entraba por la ventana entreabierta mientras yo me estiraba en la cama, disfrutando del calor matutino en mi piel. Sabía que en cualquier momento podía entrar mi compañero de piso, pero eso solo me ponía más caliente. Me quité las bragas lentamente, dejando que el aire fresco acariciara mi coño ya mojado. Escuché pasos en el pasillo y contuve un gemido, mordiendo la almohada mientras me tocaba. Mr Dimples entró sin avisar, sus ojos se clavaron en mis nalgas redondas y mis pies descalzos, y no pudo resistirse. Se arrodilló entre mis piernas, chupando mis dedos antes de pasar a mi coño, lamiendo cada pliegue con avidez. Gemí más fuerte, pero me tapé la boca con la mano, temiendo que nos escucharan. Él se puso de pie, su polla dura como una roca, y me empotró contra la pared, clavándomela hasta que mis muslos temblaron. Cada embestida me acercaba al borde, pero él se detuvo justo antes de que me corriera, susurrándome al oído que quería que me corriera en su boca. Me bajó de nuevo, y esta vez no hubo piedad: su lengua me llevó al éxtasis en segundos, tragando cada gota de mi flujo. Cuando me recuperé, lo empujé contra la cama y me monté sobre él, cabalgándolo con furia hasta que su leche caliente me llenó por completo. Escuchamos la puerta principal abrirse y nos quedamos quietos, conteniendo la respiración. La próxima vez, no tendré tanta suerte.