Morgan Lee domina a su compañera de piso asiática en 12 minutos
La cocina estaba oscura, solo la luz de la luna se colaba por la ventana mientras el olor a café recién hecho se mezclaba con el sudor de nuestros cuerpos. Llevábamos semanas mirándonos con esa tensión insoportable, ella con su boca pequeña y sus ojos de gata, yo con la polla siempre lista para estallar. Jessy Jones se mordía el labio cada vez que me veía, y esa noche, cuando entró en mi habitación en ropa interior, supe que no aguantaría más. La empujé contra la pared, le bajé las bragas de un tirón y le metí dos dedos en el coño mojado mientras le mordía el cuello. Gemía como una perra en celo, y yo solo pensaba en reventarle ese culito apretado. La tiré en la cama y me puse de rodillas, le abrí las piernas y le hundí la cara en el coño, chupando su clítoris hasta que temblaba. Luego le di la vuelta, le levanté el culo y le metí la polla de una estocada, sintiendo cómo su coño se ajustaba a mi verga como un guante. La embestí sin piedad, escuchando sus gritos ahogados en la almohada, hasta que le corrí toda la cara y el pelo. El semen le goteaba por la barbilla mientras yo me desplomaba sobre su espalda, jadeando como un animal. La tensión por fin se rompió, pero no había tiempo para descansar.