Misato katsuragi se entrega al deseo prohibido en privado
Un calor húmedo se extendía entre sus muslos mientras la culpa la invadía por completo. Misato Katsuragi sabía que aquello estaba mal pero sus dedos ya rozaban la tela fina que cubría su piel suave. El aliento entrecortado se mezclaba con el silencio de la habitación cuando apartó la ropa y dejó ver sus pechos firmes y redondos. Un primer roce en su clítoris la hizo temblar de placer mezclado con remordimiento por ceder así al impulso. Sus piernas se abrieron más y dos dedos entraron despacio en su interior apretado sintiendo cómo se contraía alrededor de ellos. El movimiento se volvió más rápido y profundo mientras sus caderas se impulsaban solas buscando más fricción contra la palma de la mano. El sonido húmedo de su coño llenaba el espacio y ella mordía el labio inferior para no gemir demasiado alto. El deseo crecía sin control hasta que metió tres dedos de golpe y arqueó la espalda con fuerza. Cada embestida interna la acercaba al límite y el placer prohibido la dominaba por completo.