Milk lo probó todo mientras su marido dormía al lado
Milk se mordió el labio mientras te agarraba la polla con suavidad, sintiendo cómo pulsaba contra su palma antes de metértela en la boca. Sus ojos brillaban de emoción, pero también de miedo, porque en cualquier momento su marido podía despertarse en la habitación de al lado. La oías gemir ahogadamente, amortiguando los sonidos contra tu piel mientras te la chupaba con desesperación, sintiendo cómo la saliva le escurría por el mentón. Te la sacaba de golpe, resbaladiza y brillante, para mirarte con esos ojos vidriosos mientras se pasaba el dedo por los labios mojados. La levantaste de un tirón y la empotraste contra la pared, hundiéndote en su coño caliente de una sola embestida que la hizo morderse el brazo para no gritar. Cada vez que te enterrabas hasta sus pelotas, sus muslos temblaban, pero no podía dejar de moverse, clavándote las uñas en la espalda mientras susurraba: “Más, más fuerte, que se va a dar cuenta”. Escuchaste pasos en el pasillo y por un segundo ambos se quedaron helados, pero luego el ruido se alejó. Te la arrastró hasta la cama, subiéndose a cuatro patas mientras te pedía que le dieras duro, que necesitaba correrse antes de que alguien entrara. La escuchaste ahogar un grito clavándote los dientes en el hombro, ayudándose con la mano mientras te la bombeaba sin piedad. Cuando por fin te corriste dentro de ella, Milk se dejó caer sobre la cama, jadeando, con el coño aún temblando, y te susurró: “La próxima vez lo hacemos en la cocina, así si entra mi hermano nos pilla”.