Melody Marks se corre en mi polla bien dura
La luz de la tarde se filtraba por las cortinas entreabiertas, dibujando sombras en el suelo de madera mientras el sonido de la calle llegaba amortiguado. Yo ya tenía la polla palpitando desde que la vi entrar en mi habitación con esa sonrisa pícara, sabiendo que su marido podía volver en cualquier momento. Le bajé el pantalón de un tirón y le hundí la cara en el coño, chupando su clítoris hasta que empezó a gemir ahogando los gritos con la almohada. Sentí sus uñas clavándose en mi espalda mientras la penetraba de rodillas, mi verga entrando y saliendo de su chocho mojado con cada embestida. Kristof Cale no estaba lejos, y el miedo a que nos pillara solo nos excitaba más. La puse a cuatro patas y le metí la polla hasta las pelotas, escuchando cómo su respiración se aceleraba con cada golpe. Cuando saqué la verga para correrme, le agarré el pelo y le disparé toda la leche en la cara, viendo cómo se le escapaban gemidos entre los labios. Mientras se limpiaba el semen de la mejilla, solo pensaba en cuánto le había gustado que la follara como una puta en mi propia casa, arriesgándose a que la descubrieran.