Manu me desafió a adorar sus pies y terminó suplicando
Manu siempre ha sido una dominatrix de pies, pero esta vez me retó a ver si podía resistir su juego sucio. Desde que entró en mi habitación con esos tacones altos y las uñas pintadas de rojo, supe que iba a ser una noche larga. Me arrodillé frente a ella, sintiendo el calor de sus pies descalzos rozando mi cara mientras me ordenaba chupar cada uno de sus dedos. El sabor salado de su piel me excitaba, y no pude evitar gemir cuando sus uñas se clavaban suavemente en mi cuero cabelludo. Manu se reía, disfrutando cada segundo de mi sumisión, pero pronto su risa se convirtió en gemidos cuando mis labios llegaron a sus dedos más sensibles. Le lamí los arcos con la lengua, mordisqueando los talones mientras ella arqueaba la espalda. 'No te atrevas a parar', me dijo, pero yo ya estaba perdido en su aroma, en el tacto de su piel contra mi boca. Sus muslos se apretaban, y supe que estaba mojada, pero no iba a ceder tan fácil. Le levanté los pies y los apoyé sobre mis hombros, besando la planta de uno mientras le metía los dedos del otro en la boca. Manu jadeó, pero no se rindió, así que le di un azote en el culo antes de volver a sus pies. 'Eres una puta', le dije, y ella solo sonrió, retándome a seguir. Cuando por fin me dejó penetrarla, fue con sus pies alrededor de mi cuello, apretando mientras yo la empotraba contra el colchón. Cada vez que me acercaba a correrme, ella me detenía, pero yo ya no podía aguantar más. Al final, cuando me dejé ir, Manu solo pensaba en cómo había perdido su apuesta.