Latina de culo enorme me empotra en doggystyle
La muy zorra llegó a la casa con esos shorts que le aprietan el culo como si fueran a reventar, moviendo las nalgas de un lado a otro con esa sonrisa de puta que sabe que va a dejarme sin aliento. En cuanto cerró la puerta me agarró de la cintura, me empujó contra el sofá y sin avisar se agachó para morderme la oreja mientras me susurraba al oído que me iba a dejar el coño más mojado que nunca. No tuve tiempo de reaccionar cuando se quitó la blusa y esos pechos naturales, duros y pesados, se balancearon frente a mi cara mientras se bajaba los panties negros con un tirón rápido que dejó al descubierto un coño depilado y brillante de tanto jugo. Se subió encima mío con las rodillas a cada lado de mis caderas, agarró mi polla dura como una piedra y se la metió de un solo tirón hasta que sentí cómo su interior me chupaba con esos espasmos que me volvieron loco. Empezó a mover el culo como una posesa, subiendo y bajando con fuerza, cada embestida más profunda que la anterior hasta que sus tetas rebotaban sin control y sus gemidos llenaban toda la habitación. Me agarraba de sus caderas con las manos para no perder el equilibrio, sintiendo cómo su coño me apretaba cada vez que se dejaba caer sobre mí, como si quisiera tragársela entera. Ella no paraba de gritar que le encantaba sentirme tan adentro, que mi verga le llegaba hasta el fondo del útero, mientras se mordía los labios y se retorcía de placer. En un momento dado me pidió que le agarrara las nalgas bien fuerte y me clavé en ella como un animal, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi polla cada vez que le daba un empujón más brusco. Los dos estábamos empapados en sudor, sus muslos resbaladizos por el calor y el lubricante natural que le chorreaba por las piernas, y yo no podía aguantar más, así que la levanté un poco y empecé a empotrarla contra el respaldo del sofá con embestidas brutales que la dejaban sin aire. Cuando ya no pudo más, se dejó caer sobre mí con un gemido largo y profundo, sintiendo cómo su coño se estremecía mientras se corría con espasmos violentos que me arrastraron a mí también hasta que los dos nos vinimos juntos, llenándola por completo con mi leche mientras ella seguía gimiendo y temblando entre mis brazos.