Ariel me chupa la polla y luego me monta como una puta
Ariel siempre ha sido una perra con hambre de verga, y esta mañana no fue la excepción. Desde que se despertó, empezó a rozar su culito contra mi pierna mientras yo me estiraba, hasta que no aguantó más y se arrodilló frente a mi polla dura. Con sus labios carnosos y su lengua juguetona, me chupó como si fuera el último helado del verano, gimiendo cada vez que mi verga le tocaba la garganta. Sus tetas grandes rebotaban mientras me mamaba, y yo le agarraba el pelo para empujarle la cabeza más adentro. Cuando ya no pude más, la tiré sobre la cama y le arranqué el tanga, dejando al descubierto su coño bien mojado y listo para recibirme. La empotré de a cuatro patas, dándole con fuerza mientras ella gritaba y me pedía más. Sus nalgas redondas rebotaban con cada embestida, y yo le azotaba el culo hasta que se puso rojo. Cuando sentí que ya no aguantaba, la volteé y le corrí toda la leche en sus tetas grandes, marcándola como mía. Ariel se quedó jadeando, con mi semen goteando de sus pezones, mientras yo me recostaba satisfecho. Esa perra sabe cómo complacer a un hombre, y hoy me dejó bien servido.