Ladrona rubia recibe su merecido del guardia cachondo
La flaquita rubia de tetas duras y nalgas prietas entró a la tienda con esos shorts que le dejaban ver cómo se le marcaba el coño al caminar, y él ya sabía que esta vez no saldría sin que la cachara. El guardia, con la polla dura desde que la vio, la siguió hasta los pasillos vacíos donde solo se oía el zumbido de las luces fluorescentes y el crujido de las bolsas de plástico. Antes de que pudiera salir con la mercancía robada, la agarró del brazo y le susurró al oído que tenía dos opciones: devolver lo que había robado o pagar con el cuerpo. Ella, con los ojos brillantes y los labios entreabiertos, le desafió con una sonrisa mientras se le escapaba un gemido cuando él le apretó el culo contra el mostrador. Para sorpresa de ambos, en vez de resistirse, la pequeña ladrona se dejó caer de rodillas y le abrió el pantalón con dedos temblorosos, sacando esa verga gruesa y palpitante que ya goteaba por la punta. Sin perder tiempo, se la metió en la boca hasta que se le marcó la garganta, lamiendo la cabeza mientras escuchaba cómo el guardia gruñía y le agarraba la nuca con fuerza. Entre gemidos ahogados y arcadas, él le levantó la falda y le arrancó el tanga, dejando al descubierto ese coño empapado que no hacía más que pedir más. La empotró contra la pared con embestidas brutales mientras ella le clavaba las uñas en los muslos, gritando su nombre entre jadeos cuando sintió su polla abriéndole el culo por primera vez. El guardia no pudo aguantar más y, después de correrse a chorros dentro de ella, la obligó a tragarse hasta la última gota de su leche caliente mientras la ladrona se corría en sus dedos, manchando el suelo de su propio orgasmo. Cuando por fin la soltó, ella seguía temblando, con las piernas temblorosas y los labios hinchados, mientras él le susurraba que la próxima vez no habría negociación: solo la polla en su coño hasta que no pudiera caminar.