Padrastro empotra a hijastra probando lencería de mamá
La niña llevaba días observando cómo su mamá se ponía ese sujetador rojo de encaje antes de salir, mordiendo su labio inferior con esa mirada traviesa que le erizaba la piel. Cuando la escuchó gemir desde el baño mientras se retocaba el maquillaje, no pudo resistirse y entró sin avisar, olfateando su perfume barato mezclado con el sudor que ya le humedecía el coño. La hijastra, con solo dieciocho años recién cumplidos, se quedó paralizada al verlo apoyado contra el marco de la puerta, con la polla dura asomando por la bragueta de su pantalón de chándal, sacudiéndose como si ya estuviera imaginando cómo abrirle el tanga de encaje que apenas le cubría el coño. Él no dijo ni una palabra, solo la agarró del pelo y le hizo arrodillarse en el suelo frío de baldosas, donde el aliento caliente de su boca se mezcló con el olor a jabón barato mientras le ordenaba que se tragara cada gota de saliva antes de empezar a chupársela. La hijastra, con las tetas apretadas contra su muslo, sintió cómo la polla se le escurría entre los labios hasta llegarle a la garganta, haciéndola atragantarse con cada embestida lenta que le daba mientras gemía como una puta barata. Cuando por fin la levantó del suelo, le arrancó el sujetador y se lo metió en la boca para amordazar sus gritos mientras la empujaba contra el lavabo, obligándola a arquear el culo hacia afuera para sentir cómo la polla se le clavaba hasta el fondo, empapándole el coño de jugos mientras los muslos le temblaban de placer. Ella, con las uñas arañando el espejo empañado, no pudo evitar correrse en menos de un minuto, sintiendo cómo la leche espesa de su padrastro le resbalaba por las piernas mientras él le susurraba al oído que era su putita personal desde ese mismo instante, que nunca más se pondría lencería de mamá sin que él se la arrancara primero. La hijastra, con la respiración entrecortada y el coño bien mojado, solo atinó a gemir entrecortadamente mientras la polla seguía embistiéndola sin piedad, hasta que ambos se dejaron caer al suelo, exhaustos y sudorosos, con el semen mezclándose con el sudor en el vientre tembloroso de la joven.