La puta invencible no se corre ni a hostias
La cabrona llevaba todo el día provocando con miraditas y mordisquitos en el labio inferior mientras él intentaba concentrarse en el partido, pero su polla no le hacía ni puto caso y se le ponía más dura que el puño de un boxeador. Cuando por fin la arrinconó contra la pared del bar, ella le escupió en la oreja un 'a ver si aguantas esto, machote', y le metió la lengua hasta la garganta mientras le desabrochaba el cinturón con dedos que parecían hechos para joder. Él le arrancó el vestido de un tirón y sus tetas, redondas y duras como melocotones maduros, saltaron libres bajo la luz morada del local, los pezones ya duros como piedras de tanto follar. Ella se agachó de golpe y se tragó su polla hasta el fondo de la garganta con un sonido húmedo que hizo que todos los presentes se giraran, pero a él solo le importaba el sabor salado de su verga palpitando contra su lengua mientras ella le miraba con esos ojos negros llenos de maldad. 'Chupa más fuerte, zorra, que esto no es un juego', gruñó él agarrándole el pelo con fuerza, pero ella solo se rio con la boca llena y le apretó los huevos con una mano mientras con la otra se metía dos dedos en el coño empapado que ya goteaba sobre el suelo de baldosas frías. Cuando por fin la levantó en volandas y la empotró contra la barra del bar, sus nalgas blancas y firmes rebotaban con cada embestida mientras los vasos tintineaban y la música se convertía en un zumbido lejano, solo se oían sus gemidos ahogados mezclados con el sonido de carne chocando contra carne, el chapoteo de su coño chorreando y los gruñidos animales de él cada vez que le clavaba la polla hasta las pelotas. Ella se corrió primero, con un espasmo que le retorció la espalda y le hizo morderle el hombro hasta hacerle sangre, pero él no aflojó ni un segundo, agarrándole las caderas con uñas que le dejaron marcas rojas mientras la embestía como un poseso hasta que por fin su leche caliente le llenó las entrañas y los dos cayeron jadeando sobre la barra, empapados en sudor, saliva y el olor a sexo barato que se pegaba a la piel como un perfume sucio.