Follada salvaje y corrida loca de una teen sumisa
Esa tarde en tu cuarto, la pequeña se arrodilló temblando frente a ti, sabiendo que solo tú decides cuándo y cómo la usas. La obligas a abrir bien la boca mientras le agarras el pelo, sintiendo cómo su lengua caliente recorre tu verga palpitante antes de metértela entera de golpe. Ella gime ahogada, con lágrimas en los ojos, pero no se atreve a quejarse porque sabe que le espera algo peor si te enoja. La pones a cuatro patas sobre la cama, le apartas las nalgas con fuerza y le escupes en el ojete apretado antes de hundirte de una estocada hasta que las caderas chocan contra su culo tembloroso. Cada embestida la hace gritar, pero tú le tapas la boca con la mano para que no despierte a nadie mientras la empotras contra el colchón. Sientes cómo su coño mojado chorreando se contrae alrededor de tu polla, pero no te importa porque hoy solo quieres reventarle el culo. La volteas de espaldas, le levantas las piernas y le metes los dedos en la boca para que los chupe mientras te la follas como una perra en celo. Cada vez que te acercas a correrte, ella suplica que no lo hagas, pero tú solo aceleras el ritmo hasta que le explotas dentro, llenándole el ojete con tu leche caliente. La miras retorcerse de placer y dolor mientras se corre sin tocarse, con el cuerpo convulsionando bajo el tuyo, y justo cuando vas a decirle que se limpie, la pantalla se queda en negro.