La adolescente caliente se vuelve loca de placer con mi verga dura
La habitación estaba oscura, solo iluminada por el brillo de la pantalla del celular donde ella se masturbaba frente a mí con los ojos cerrados, la respiración agitada y los dedos hundidos en su coño mojado. Llevábamos días mirándonos con deseo, robando besos fugaces y sintiendo cómo la tensión entre nosotros crecía hasta que ya no pudimos aguantar más. Cuando se corrió con un gemido ahogado, supe que era mi turno, así que me desabroché el pantalón para sacarle la polla dura, gruesa y palpitante. Sin decir nada, ella me agarró de la nuca y me empujó hacia su boca, chupándome con una desesperación que me volvió loco, su lengua jugaba con el glande mientras sus manos me apretaban las bolas. Pero no aguanté mucho en esa posición, así que la tiré sobre la cama para meterle la verga hasta las pelotas en un solo movimiento, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía con un calor húmedo que casi me hace explotar. Cada embestida era más fuerte que la anterior, sus uñas se clavaban en mi espalda mientras gritaba mi nombre, sus piernas enredadas alrededor de mi cintura como si quisiera atraparme dentro de ella para siempre. Cuando sentí que ya no podía más, le di la vuelta para clavársela por detrás, mi polla golpeaba su culo mientras ella empujaba hacia atrás pidiendo más, y cuando le solté un chorro de leche espesa en la espalda, supe que esto no terminaría aquí. La próxima vez, la voy a destrozar en todas las posiciones posibles hasta que no pueda caminar.