Keilimar Gomez se folla al jefe en la oficina sin que se entere nadie
Ese día, mientras Alejandro estaba fuera en un viaje de negocios, supe que era mi oportunidad de cobrarme todo lo que me había hecho pasar. Me puse mi falda más corta y una blusa que apenas contenía mis tetas grandes, solo para ver si se atrevía a mirarme cuando volviera. Cuando entró por la puerta, su polla ya estaba dura bajo el pantalón, y yo ya estaba mojada solo de imaginarlo empotrándome contra la mesa de su oficina. Le dije que apostaba a que no aguantaría ni cinco minutos, y él, como el macho que cree que lo sabe todo, aceptó el reto. En cuanto me bajó las bragas, su lengua ya estaba en mi coño, chupando como si no hubiera mañana, mientras yo me agarraba de su pelo y le clavaba las uñas en la espalda. Cuando me dio la vuelta y me penetró de una estocada, sentí cómo su verga me llenaba entera, golpeando justo donde más lo necesitaba. Cada embestida era más fuerte que la anterior, y yo solo podía gemir y pedirle que no se detuviera, aunque sabía que estaba ganando la apuesta. Cuando por fin se corrió dentro de mí, jadeando y temblando, supe que la próxima vez sería aún más intenso, porque ahora sabía exactamente lo que podía hacerle. La próxima vez, no habrá apuestas, solo placer.