Japonesa de universidad grita con un orgasmo y recibe corrida interna
El sonido de sus tacones resonaba en el pasillo vacío cuando Rin Yazawa se acercó a la puerta del dormitorio, los muslos ya temblorosos de anticipación. Llevaba días lanzándole miradas furtivas a Takashi en la biblioteca, rozando su mano "casualmente" al pasar, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello cada vez que él la miraba con esa sonrisa de medio lado. Hoy no había nadie para interrumpirlos, y el aire olía a sudor dulce y a perfume barato cuando él la empujó contra la pared, mordiéndole el labio inferior hasta que gimió. Sus dedos se hundieron en el coño apretado de Rin, ya chorreando, mientras ella le desabrochaba el pantalón con manos torpes. La polla de Takashi era gruesa, palpitando contra su palma, y cuando la guió hacia su boca, Rin se atragantó con la primera embestida, los ojos llorosos pero las caderas moviéndose hacia adelante para pedir más. El vibrador que él había escondido en su bolso vibraba contra su clítoris mientras la follaba de pie, las nalgas de Rin marcadas por los dedos de él, los gemidos ahogados contra el cuello de su camisa. En más de 11 minutos de escena, Takashi la empotró contra la cama, levantándole las piernas hasta que los talones le quedaron sobre sus hombros, y entonces la penetró hasta que las caderas chocaron, el coño de Rin tan ajustado que cada movimiento le arrancaba un grito. Cuando se corrió dentro de ella, Rin arqueó la espalda, los dedos clavados en las sábanas, y gimió: "¡Dame más, cabrón, no te detengas!".