Gina Ferocious se rinde al placer con lencería rosada y vendas
Caminando despacio por el dormitorio, Gina Ferocious deja que el encaje rosado resalte cada curva de su cuerpo mientras se ajusta las vendas con manos temblorosas. Llevaban días acumulando miradas robadas, roces "accidentales" bajo la mesa, hasta que la tensión se volvió insoportable. Nick Moreno apenas aguanta cuando ve cómo se humedece entre los muslos, el coño brillando bajo la luz tenue. Sin pensarlo, la empuja contra la silla, arrancando un gemido agudo al sentir sus uñas clavándose en los hombros. La polla ya está dura, lista para hundirse en su humedad, pero antes le da la vuelta, obligándola a arquear la espalda mientras le abre las nalgas con los dedos. El primer embiste es brutal, entrando hasta hacerla soltar un grito ahogado, las caderas chocando contra su culo con fuerza. Gina se retuerce, mordiendo el labio al sentir cada centímetro penetrándola, los gemidos convirtiéndose en un lamento continuo. Nick acelera el ritmo, las manos marcando marcas rojas en sus muslos mientras la embiste sin piedad, buscando esa zona que la hace enloquecer. El sonido de la piel golpeando piel llena la habitación, mezclándose con los jadeos entrecortados. Cuando por fin se corre, lo hace con un gruñido gutural, agarrándola de las caderas para clavarse hasta el fondo. Gina se deja caer, exhausta pero insaciable, mientras él se inclina para susurrarle al oído: "¿Así que eras una sumisa y no me lo dijiste, zorra?"