Gia se traga cada gota de leche caliente
La morra llegó con esa sonrisa pícara y un vestido tan corto que se le veía el coño empapado sin necesidad de tocarlo. Él no pudo resistirse y la agarró del pelo mientras ella se arrodillaba en el suelo del glory hole, con la polla dura como un mástil lista para ser chupada. Gia abrió bien la boca y se la metió entera, tragando hasta la garganta mientras sus gemidos ahogados se mezclaban con los sonidos húmedos de la mamada. El tipo le agarraba la cabeza con fuerza, empujando cada vez más profundo, y ella no protestó ni una vez, solo se dejó llevar por el ritmo salvaje que le marcaba. Cada vez que sacaba la lengua para lamer el glande, le salían chorros de saliva que le resbalaban por la barbilla mientras su coño se humedecía más con cada empujón. Cuando él le agarró el pelo y le metió hasta la base, ella sintió cómo se le llenaba la garganta de leche espesa y caliente, gruñendo de placer mientras tragaba todo sin dejar una gota. Los chorros le resbalaban por la garganta y le escurrían por las comisuras de los labios, pero Gia no se quejó, solo siguió chupando con ansias hasta que la polla quedó blanda y él se corrió otra vez, esta vez directamente en su boca abierta. La morra se limpió los restos con el dorso de la mano y se lamió los labios, satisfecha, mientras el tipo se abrochaba los pantalones con una sonrisa de orgullo. Lo mejor de todo fue ver cómo ella se lamía los labios después, como si no hubiera suficiente leche en el mundo para saciar su hambre de polla. El glory hole quedó manchado de saliva y leche, pero a Gia no le importó, porque sabía que volvería por más.