Fag Navid, la primer puta musulmana que se entrega sin límites
Imagínate la escena: una habitación clandestina, luces tenues que apenas iluminan el sudor que resbala por esos muslos prietos, y el olor a deseo prohibido flotando en el aire. Fag Navid sabe que esto está mal, que su cuerpo no debería arquearse así bajo tus manos, pero cuando le desabrochas el pantalón y su polla palpita al contacto, ya no hay vuelta atrás. Sus gemidos son ahogados, como si temiera que alguien los escuchara, pero tú vas a hacer que los grite sin remedio cuando le hundas los dedos en el culo, bien apretado, mientras él se inclina sobre la cama, mordiéndose el labio para no soltar lo que no debe. Imagínate cómo se estremece cuando le mordisqueas el cuello, cómo su piel de gallina delata el placer que intenta ocultar. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo se chupa los dedos después de mojarlos con tu saliva, preparándose para lo que viene. Cuando por fin le clavas la verga hasta las pelotas, sus muslos tiemblan y sus manos agarran las sábanas como si fueran su único salvavidas. Cada embestida lo lleva más cerca del borde, y tú disfrutas viendo cómo su cara se contrae de placer mientras trata de ahogar los gemidos, como si alguien pudiera juzgar lo que pasa entre estas paredes. Al final, cuando se corre sobre tu estómago, su semen caliente y pegajoso le mancha la piel, y queda una mancha blanca en la almohada donde apoyó la cabeza.