Esta noche vas a ser mi perra sumisa con el dildo
Desde que te vi llegar con ese ajustado vestido que le marca hasta el último pliegue de tu culo, supe que hoy ibas a acabar de rodillas con la polla de silicona bien metida entre los labios. Te desnudé con los ojos mientras te arrastraba hasta el suelo de la sala, donde el frío del mármol te erizó la piel pero no tanto como el miedo a que te obligara a hacer lo que tanto anhelas. La orden fue clara: 'Abre bien la boca, zorra, que te voy a empalar esta verga de plástico hasta que no puedas tragar'. Sentiste cómo el dildo resbalaba entre tus tetas sudorosas antes de que lo apretara contra tu garganta, ahogando tus gemidos con cada embestida lenta pero implacable. Tus manos, atadas con mi cinturón detrás de la espalda, se retorcían buscando algo a lo que agarrarte mientras tu coño goteaba sin control, empapando el tapete donde te obligué a arrodillarte. 'Mírame a los ojos mientras te la clavo', gruñí mientras te agarraba de la coleta, forzándote a mantener el ritmo aunque tus piernas temblaban como gelatina. El sonido de tu saliva mezclándose con los chapoteos de tu coño mojado era la banda sonora perfecta para ver cómo tu culo se movía al compás de mis empujones, buscando más aunque ya no podía respirar. De pronto, el dildo giró dentro de ti con un crujido húmedo, haciéndote soltar un aullido que solo sirvió para que te clavara hasta el fondo, sintiendo cómo tu garganta se cerraba alrededor de la base mientras tus uñas se clavaban en el suelo de tanto placer. 'Ahora vas a correrte así, putita, con la polla de juguete enterrada en tu boca y tu coño chorreando sin que nadie te toque', susurré mientras aceleraba el ritmo hasta que sentiste el primer espasmo en el vientre, seguido de un orgasmo que te dejó sin aliento, con los ojos vidriosos y la boca llena de babas mientras tu cuerpo se rendía por completo a mis caprichos.