Rusa chiquita prueba a empotrarse doble polla por primera vez
La morenaza de tetas naturales y culo prieto llegó con esa mirada de putita sumisa que ya le ponía el coño como un río desbordado. Él, un macho pelado de verga gruesa y mirada dominante, no pudo resistirse ni un segundo más. Sin pensarlo, le arrancó el vestido ajustado y le dejó los pezones duros al aire mientras le metía dos dedos bien metidos en la raja empapada. Ella gimió fuerte, con los muslos temblando, y se dejó caer de rodillas para chuparle la polla hasta dejarla brillante de babas. Con un gemido ahogado, él la levantó en vilo y la empotró contra la pared sin piedad. La rusa, loca de placer, empezó a cabalgarle la verga como una yegua desbocada, sintiendo cada centímetro de carne dura partiéndole el coño por dentro. Él le agarró las tetas pequeñas y se las apretó con fuerza mientras le clavaba la polla hasta el fondo, haciendo que ella gritara con la boca llena de babas. De repente, él la volteó boca abajo y le levantó el culo bien alto para darle una paliza de perrito, con las nalgas rojas y brillantes por los azotes. Ella, entre sollozos de placer, se corrió goteando jugos por toda la polla, que seguía dura como una piedra. Él no se detuvo ahí: la puso de espaldas, le levantó las piernas y le metió la verga hasta la garganta, ahogándola con cada embestida profunda. La rusa, con los ojos llorosos y la lengua fuera, no pudo evitar tragar leche espesa mientras él se corría a chorros dentro de su coño, dejándola llena hasta el fondo. La escena terminó con ella tirada en el suelo, toda sudada y temblando, mientras él le limpiaba los restos de corrida con los dedos para metérselos después en la boca. No hubo ni un segundo de respiro: la morenita quedó tan mojada y satisfecha que solo atinó a sonreírle con cara de putita bien follada.