Esposa sumisa recibe una polla gruesa hasta reventar
La casa estaba en silencio cuando él entró, pero mi coño ya no aguantaba más. Me arrastraba por el suelo, dejando un rastro de saliva sobre su verga mientras él miraba con esa sonrisa de dueño. No me atreví a moverme hasta que me ordenó abrir la boca, y entonces sentí la polla gruesa deslizándose hasta el fondo de mi garganta, ahogándome con cada empujón. Mis tetas rebotaban con cada embestida, y él las apretaba con fuerza antes de azotarme el culo hasta dejarlo rojo. 'Pídele permiso para follarme, puta', sispeó, y yo gemí '¿Puedo, amo?' mientras me agarraba los muslos para levantarme. Solo entonces me dejó montar su polla, sintiendo cómo cada movimiento me partía en dos. Cuando ya no aguanté más, me corrió dentro, llenándome hasta rebosar. La próxima vez no será tan fácil...