El chofer negro le parte la concha a la empleada en su cuarto
Eran las tres de la tarde cuando Pato entró al cuarto de Chizzybaby, sabiendo que no debía, pero la polla le ardía de ganas. Ella estaba arrodillada limpiando el suelo, con el culo al aire y las nalgas apretadas, cuando él se acercó por detrás y le levantó el vestido de un tirón. 'Sabes que esto está mal, ¿verdad?', le susurró al oído mientras le metía dos dedos en la concha ya mojada. Chizzybaby gimió como una perra en celo, arqueando la espalda para recibir más, y Pato no pudo resistirse a desabrocharse los pantalones. Su verga negra, gruesa y palpitante, se clavó de una estocada hasta el fondo, haciendo que ella gritara de placer. Las embestidas eran brutales, el sonido de la piel chocando contra piel resonaba en la habitación, y Pato le agarraba las caderas con fuerza, marcando cada penetración con un gruñido. Chizzybaby se mordía el labio, sintiendo cómo la polla le rozaba las paredes internas, y cuando él le dio una nalgada, ella se corrió como una fuente, empapando todo. Pato no se detuvo, siguió follándola con furia hasta que, con un gemido gutural, le vació toda su leche caliente en el coño. Cuando terminaron, ella se quedó temblando en el suelo, con la concha palpitando, mientras Pato se subía los pantalones y salía sin decir nada. Afuera, el jefe de Chizzybaby esperaba para revisar el trabajo, sin imaginar lo que acababa de pasar entre esas cuatro paredes.