Dre Delevingne se entrega a un monstruo negro con su juguete favorito
"No deberíamos hacer esto", susurré mientras mi coño ya ardía de anticipación. Pero cuando Damion Dayski me miró con esa sonrisa de depredador, supe que no había vuelta atrás. El dildo negro brillaba con el aceite, y aunque me moría de vergüenza, no podía apartar la vista de su polla enorme. Me arrodillé, sintiendo cómo mi boca se llenaba con su sabor salado mientras él me agarraba el pelo. El juguete entró sin piedad, estirándome hasta que creí que me rompería, pero el dolor se convirtió en un placer que me hizo gemir más fuerte. Me empotró contra la pared, sus manos apretando mis caderas mientras me penetraba con el dildo y sus dedos al mismo tiempo. Cada embestida me acercaba al borde, hasta que me corrí gritando, sintiendo cómo mi jugo goteaba por mis muslos. Al final, solo quedó el olor a sexo en el aire y el dildo manchado de mi excitación.