Dos tetonas follan sin piedad a un viejo baboso
A Chanel y Stella no les importaba un carajo que el viejo tuviera barriga cervecera y canas, porque lo único que querían era verle la cara de placer mientras les metía los dedos en el coño empapado. Las dos morenas de curvas explosivas se turnaban para empujarle contra la pared del motel cutre donde habían quedado, mordiéndole los labios mientras le desabrochaban el pantalón para sacar esa verga arrugada pero aún dura que tanto les gustaba chupar. Stella se agachó primero, con las tetas rebotando sobre su cara mientras le lamía el tronco desde la base hasta la punta, gimiendo porque el sabor a viejo sudado le ponía más cachonda que un puto. Chanel, mientras tanto, se frotaba el coño contra su muslo peludo, dejando manchas de flujo en la tela del pantalón, hasta que no pudo más y se sentó encima de él a horcajadas con un gemido de cerda en celo. El viejo, con los ojos inyectados en sangre, le agarró las nalgas enormes y la empotró contra su polla sin avisar, haciendo que los jugos le resbalaran por los muslos mientras ella gritaba como una posesa. Stella no se quedó atrás, se subió al borde de la cama y le ofreció el culo prieto con un dedo metido hasta el nudillo, suplicando que la reventara por detrás mientras seguía masturbándose con la otra mano. El viejo, ya sin control, se corrió en la boca de Chanel antes de girarla y clavársela por el coño desde atrás, empalándola contra el colchón mugriento que olía a sexo barato y cerveza rancia. Las dos putas se reían como locas cada vez que él se quedaba sin aliento, hasta que Stella se corrió con un chorro que le encharcó el coño y le dejó las piernas temblorosas, mientras Chanel se tragaba hasta la última gota de leche vieja que le escupió en la garganta. Al final, las tetonas se limpiaron con las sábanas baratas y se fueron riéndose, dejando al viejo baboso con la polla blandengue y la cara llena de babas de coño caliente.