Cody Seiya se deja empotrar por el repartidor de polla peluda
Cody Seiya ni imaginaba que el repartidor de pizzas que le traía la comida cada viernes era un semental con una verga que no cabía en su boca. Cuando abrió la puerta, el tipo se le quedó mirando con esa sonrisa de puto que sabe lo que quiere, y antes de que Cody pudiera reaccionar, ya lo tenía de rodillas, tragándose su polla gruesa hasta que le ardieron los labios. Te agarra del pelo y te empuja más adentro, sintiendo cómo la saliva se le escapa entre los dedos mientras te ahogas con ese rabo que parece no tener fin. Cody gime como una perra en celo, con las lágrimas corriéndole por las mejillas, pero no se detiene ni un segundo, porque sabe que el repartidor no va a parar hasta llenarle la garganta de leche. Cuando por fin te suelta, te gira y te pone a cuatro patas, separando ese culo apretado con los dedos antes de clavarte la polla de una estocada que lo hace gritar. Sientes cómo el tipo te agarra de las caderas y te embiste sin piedad, cada empujón más fuerte que el anterior, hasta que Cody no puede más y se corre sin que ni siquiera lo toquen. El repartidor ni se inmutó, sigue follándote como si fueras un muñeco de trapo, hasta que por fin se saca y te corre en la espalda, dejando un charco caliente que te resbala por la piel. Cody se queda temblando, con la polla aún dura y el culo ardiendo, mientras el repartidor se limpia la boca y se va silbando, como si nada hubiera pasado.