Chisholm de Boston empotra a la trans rubia mientras ella se masturba
El cuarto estaba oscuro, solo la luz tenue de la lámpara de noche iluminaba mi cuerpo sudoroso mientras me retorcía en la cama, con la polla dura como una roca entre mis piernas. Sabía que en cualquier momento podía entrar mi novio, pero no podía parar, necesitaba sentir esa verga gruesa rompiéndome el culo mientras me tocaba sin parar. Chisholm de Boston me agarró de las caderas y empezó a embestirme con fuerza, cada empujón me hacía gemir más fuerte, pero tenía que ahogar los gritos para que nadie nos escuchara. El sonido de su polla entrando y saliendo de mi culo mojado me volvía loca, y cada vez que me penetraba hasta las pelotas, sentía que iba a explotar. Mis dedos no dejaban de frotar mi clítoris hinchado, y cada vez que él me daba una nalgada, mi cuerpo temblaba de placer. Podía escuchar los pasos en el pasillo, y eso solo me excitaba más, el riesgo de ser descubierta me hacía apretar más el culo alrededor de su verga. Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí su leche caliente llenándome por completo, y aunque intenté no gritar, un gemido escapó de mis labios. Después, cuando todo terminó, mi novio entró y solo vio mi cuerpo tembloroso y mi cara llena de placer, pero no dijo nada, solo sonrió con complicidad.