Cassandra Cruz se traga cualquier polla que le ofrecen
Cassandra Cruz no tiene filtro ni prejuicios, solo hambre de carne dura metida hasta el fondo de su boquita caliente. Cada vez que un tipo se le acerca con la verga palpitando, ella ni pestañea antes de abrir bien la boca y empezar a chupar como si no hubiera mañana. Sus tetas pequeñas pero firmes rebotan cada vez que se deja caer sobre la polla ajena en el coño bien depilado, gimiendo con la voz ahogada mientras las embestidas le dejan el culo rojo de tanto empotrar. Los dedos se le clavan en las caderas del pobre desgraciado que no sabe si correrse ahora o aguantar un poco más, porque ella no piensa parar hasta que le escupa toda la leche espesa por la cara y hasta por el pelo. La saliva le resbala por las comisuras mientras la lengua juega con el glande grueso que no para de latir, y sus jadeos se mezclan con los sonidos húmedos de su coño chorreante cada vez que se levanta para volver a bajar con más fuerza. No le importa si es el vecino, el repartidor o el tipo del gimnasio: si tiene la verga dura, ella le va a meter hasta la garganta y le va a dejar la cara blanca de semen caliente. Los muslos le tiemblan de placer cuando siente que la leche empieza a salir a borbotones, y entonces abre los ojos bien grandes para no perderse ni un segundo de cómo se le llena la boca y la cara de gotas espesas que le resbalan por las mejillas. Después se limpia con los dedos y se relame los labios, lista para la siguiente polla que le ofrezcan, porque a Cassandra Cruz le da igual quién sea, siempre que le meta algo duro y caliente donde más lo necesita.