Sasha Pearl se come la polla bien dura y sucia
Llegó la puta Sasha Pearl con su escote de infarto y una sonrisa de perra en celo, mordiendo el labio inferior mientras se le caía la baba al ver ese tronco palpitante que le colgaba entre las piernas. Antes de que pudiera decir esta boca es mía, le agarró la verga con las dos manos y se la llevó a la boca como si fuera lo más natural del mundo, chupando con tanta fuerza que los huevos le vibraban en la garganta. Las tetas le rebotaban sin control mientras se ahogaba con cada embestida, escupiendo saliva espesa por todas partes y gimiendo como una zorra en celo que no ve la hora de tragárselo todo. Él le sujetó la cabeza con fuerza y se la empotró hasta el fondo, haciéndole toser y babear como una loca, con los morros llenos de su leche espesa que no paraba de gotear. Sasha no se quejaba, al contrario, disfrutaba cada segundo de humillación, lamiéndole los huevos como una perra bien entrenada mientras se le escapaban gemidos ahogados por el grosor de la polla que le llenaba la boca. Cuando por fin la sacó, le escupió en la cara con una sonrisa de puta satisfecha, dejando un hilo de babas colgando de sus labios carnosos antes de volver a engullírsela sin piedad. Las embestidas eran brutales, con las tetas apretadas contra su pecho mientras él le metía los dedos en el coño mojadísimo, arrancándole gritos de placer entre arcadas y babas. No tardó en notar cómo se le ponía la piel de gallina mientras le lamía el culo, metiéndole la lengua hasta el fondo antes de darle la vuelta y empotrarla contra la pared como si fuera un saco de carne. Los gemidos de Sasha eran música para sus oídos, sobre todo cuando le metió los dedos en el culo mientras le escupía en el coño, dejándola tan mojada que hasta los muslos le brillaban. Cuando por fin le metió toda la polla en la boca, no pudo aguantar más y se la sacó justo a tiempo para cubrirle la cara de leche espesa, dejándole los morros, los ojos y hasta el pelo empapados en su propio jugo. Sasha terminó con la cara llena de semen, sonriendo como una perra que acaba de recibir su merecido, sabiendo que esa noche no iba a parar hasta dejarla bien usada y satisfecha.