Bows Bush en el estacionamiento sin bragas y con el coño al aire
El olor a gasolina y el calor del sol en mi piel me recordaban por qué odiaba tanto a mi ex, ese cabrón que me dejó por una niñata. Pero hoy, ¿te imaginas? Me puse un vestido ajustado, sin nada debajo, solo para provocarlo cuando pasara en su auto. Sabía que vendría a esta hora, siempre igual de predecible. Cuando lo vi frenar y bajar la ventana, su mirada se clavó en mis muslos abiertos, en el brillo de mi coño depilado al estilo brasileño, húmedo y listo para él. '¿Te gusta lo que ves, idiota?', le dije mientras me agachaba para mostrarle mejor el culo, grande y prieto, que él tanto adoraba. No aguanto más y me subí a su auto, empujando su polla dura hasta el fondo de mi garganta. 'Así se chupa, imbécil', gemí mientras lo montaba, sintiendo cómo mi concha apretaba su verga como un tornillo. Cada embestida era un castigo, un recordatorio de lo que perdió. Cuando me corrí, el líquido caliente le salpicó la camisa, y su cara de sorpresa fue el mejor premio. Pero esto no termina aquí, cariño...