Alicia Trece me chupa la polla con furia en un 69 salvaje
Llevaba días mirándola de reojo, imaginando cómo se sentiría su boca alrededor de mi verga mientras yo le devoraba el coño. La tensión entre nosotros era insoportable, cada roce accidental, cada mirada prolongada, solo aumentaba el deseo. Cuando por fin la tuve desnuda frente a mí, no perdí tiempo: la empujé contra el colchón y le ordené que se pusiera a cuatro patas. Su culo respingón me tentaba, pero primero quería sentir sus labios carnosos tragándose mi polla hasta las pelotas. Empezó a chuparme con ganas, sus manos apretando mis muslos mientras yo le hundía los dedos en el coño, ya mojado y palpitante. Gemía como una perra en celo, y yo no podía resistir más: la volteé y le metí la cara entre las piernas, lamiendo su clítoris hinchado mientras ella seguía mamándome con desesperación. El sonido de su saliva mezclándose con mi verga me volvía loco, y cuando ya no aguanté más, la puse de espaldas y le clavé la polla de una estocada, haciendo que gritara de placer. La follé contra la pared, contra el suelo, hasta que sus uñas se me clavaron en la espalda y supe que estaba a punto de correrme. Cuando por fin me vine, lo hice directamente en su boca, viendo cómo tragaba cada gota con avidez. La próxima vez, pienso atarla y hacerle lo mismo, pero esta vez sin piedad.