Victoria grant se chupa la polla trans y se corre
La morena Victoria Grant llegó con su vestidito ajustado que no dejaba nada a la imaginación y se tiró encima de él sin perder ni un segundo, agarrándole la polla trans con sus manitas expertas y llevándosela a la boca caliente que ya le goteaba por el coño de solo verla dura y gruesa entre sus dedos. Le encantó sentir cómo la verga gruesa le rozaba la lengua y el paladar mientras se la metía hasta la garganta, ahogándose un poco pero sin detenerse, porque sabía que a él le volvía loco que le chupara así, con esos gemidos ahogados que le salían del pecho cada vez que le agarraba el culo prieto y se lo apretaba contra su cara. La polla trans le llegaba hasta el fondo de la boca, llenándole la garganta de un sabor salado y caliente que le hacía babear sin control mientras sus tetas grandes se movían al ritmo de cada empujón que él le daba en la nuca, empujándola más adentro para que no se escapara ni una gota de su leche futura. Victoria no aguantó más y se soltó la polla con un chasquido húmedo, se quitó el tanga empapado de un tirón y se sentó sobre ella con la polla trans apuntando directo a su coño mojadísimo, que ya le ardía de necesidad. Se empaló de un solo movimiento, sintiendo cómo la verga le abría las paredes internas al entrar hasta el fondo, y empezó a cabalgarlo como una posesa, con sus caderas golpeando contra las de él en un ritmo frenético mientras gritaba obscenidades y le pedía que le llenara el coño de leche espesa. Él no se hizo rogar, la agarró de las caderas con fuerza y se la empotró desde abajo, haciendo que sus tetas rebotaran violentamente y que el sonido de los cuerpos chocando llenara la habitación como un tambor de guerra. Victoria se corrió primero, con un espasmo que le retorció las piernas y le hizo soltar un alarido gutural mientras su coño se contraía alrededor de la polla trans, apretándola hasta que él no pudo aguantarse más y se descargó dentro con una corrida brutal que le inundó las entrañas y le dejó las piernas temblorosas. Cuando por fin se separaron, ella se quedó tirada en la cama con las piernas abiertas, la polla trans aún goteando leche entre sus muslos, y él se le acercó para lamerle los restos de corrida que le escurrían por el coño mientras ella se reía y le decía que esa había sido la mejor mamada de su vida.