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Vecina pelirroja humedece el cesto de ropa mojada

19:17 1080P 7 Culos Grandes
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Estúdio Bella Mur

Llevaba semanas fijándome en sus tetas perfectas marcándose bajo la blusa mientras colgaba los trapos al sol, pero hoy la vecina pelirroja entró en mi casa con ese culito respingón apretado en un short de lycra y una mirada que prometía más que un simple favor con la ropa sucia. Me guiñó un ojo cuando le ofrecí ayudarla a tender, pero en vez de doblar sábanas, sus manos ágiles me agarraron del cinturón y me arrastraron hacia el sofá donde su coño rosado ya goteaba entre sus muslos. Sin perder tiempo, se quitó el sujetador y dejó al descubierto unas tetas pequeñas pero deliciosamente firmes, con los pezones rosados duros como piedras, mientras sus dedos se clavaban en mi pelo y me arrastraba a su boca para un beso húmedo y desesperado. Sentí su aliento caliente mezclado con el olor a jazmín de su perfume barato mientras su lengua jugaba con la mía, y cuando le bajé las bragas para dejar al descubierto su coño depilado y brillante de excitación, no pude resistirme a enterrar mi cara entre sus piernas. Sus gemidos agudos llenaron la sala, mezclados con el sonido de mis labios chupando su clítoris hinchado, y cuando por fin la levanté para empalarla contra la pared, sus muslos temblaron alrededor de mi cintura mientras sus uñas se clavaban en mi espalda al sentir mi verga gruesa hendirse en su raja empapada. La follé contra la lavadora, con el culo redondo rebotando contra mi pelvis cada vez que la embestía hasta el fondo, y aunque sus tetas pequeñas botaban al ritmo de mis envites, lo que más me excitó fue ver cómo su coño chupaba mi polla con cada sacudida, dejando hilos de sus jugos resbalando por mis bolas. Cuando por fin se corrió, sus piernas se cerraron alrededor de mi cuerpo y un chorro caliente le brotó del coño mientras gritaba mi nombre con la voz entrecortada, pero no paré ahí: la giré, le levanté el short y le metí la polla por detrás, sintiendo cómo su culo prieto se abría con facilidad para recibirme mientras su coño seguía goteando por el primer orgasmo. Entre gemidos y sudor, la vecina pelirroja me hizo correrme dentro de ella, llenándola de leche hasta que sus muslos quedaron pegajosos y su aliento se volvió un jadeo entrecortado. Antes de irse, me dejó un beso sucio en los labios y una promesa susurrada al oído: 'La próxima vez traeré más ropa... y menos tela' antes de salir balanceando ese culito que ya me tenía loco.

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