Vecina madura se deja empotrar sin piedad
La vieja verde llevaba años espiando por el balcón cada vez que su vecino se quitaba la camisa en el balcón de enfrente... ahora por fin la muy puta se abría de piernas en su casa y le suplicaba que la follara como a una perra. Él no necesitó más invitación que ver su coño depilado y brillante, chorreando de lo mojada que estaba, así que le clavó la polla hasta el fondo y la empotró contra la pared del pasillo. Ella gimió como una zorra en celo, con los tetones enormes rebotando cada vez que él le metía la verga hasta las pelotas, sus caderas chocando con ese sonido húmedo y obsceno de carne contra carne. La muy guarra no paraba de lamerle los huevos mientras él le agarraba fuerte del pelo para ahogarla con sus embestidas brutales, hasta que de pronto la dio la vuelta y la puso a cuatro patas sobre la cama, con el culo en pompa y el coño goteando leche de tanto deseo. Desde atrás le metió los dedos en la boca para que chupara su propia humedad mientras le abría bien las nalgas y le metía la polla hasta que le hizo gritar de dolor mezclado con placer. La cabrona se corrió dos veces antes de que él le llenara la boca con su leche caliente, escupiendo un chorro grueso sobre sus tetas caídas mientras le mordía los pezones duros como piedras. Ella no se conformó con eso y se arrodilló para limpiarle la polla con la lengua, lamiendo cada gota de esperma que le caía por las bolas mientras gemía suplicando más. Él no tuvo piedad y la volvió a empotrar, esta vez en postura de vaquera invertida, cabalgando su verga con esos culos gigantescos que le hacían babear solo de mirarlos. Cada vez que se dejaba caer sobre él, su coño se abría como una boca hambrienta tragándose hasta el último centímetro, hasta que el muy cabrón le agarró las tetas y le metió la polla hasta el fondo, corriéndose dentro con un rugido mientras ella se deshacía en espasmos de placer. La muy puta quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el coño lleno de leche, pidiendo a gritos que no parara...