Sexo virtual realidad con una orgía salvaje en sábado
Llevábamos semanas con esa tensión acumulada, miradas robadas y suspiros que no podían esperar más. Cuando por fin nos pusimos los visores de realidad virtual, todo explotó. Ella se acercó primero, sus manos recorriendo mi pecho mientras sus tetas se apretaban contra mí. No hubo palabras, solo gemidos ahogados cuando le metí la polla de golpe, sintiendo cómo su coño mojado me tragaba entero. La otra chica no se quedó atrás, arrodillándose para chuparme los huevos mientras yo empotraba a la primera sin piedad. El sonido de los cuerpos chocando llenaba el espacio virtual, mezclado con sus gritos de placer. Me corrí dentro de ella, sintiendo cómo se apretaba alrededor de mi verga, y justo cuando creí que terminaba, la otra se montó encima, cabalgándome con furia. Sus culos sudados brillaban bajo la luz artificial, y yo solo podía agarrar sus caderas para hundirme más hondo. La realidad virtual no tenía límites, y nosotros tampoco.