Rico Marlon y Caio Vilar se reta a follar como animales
La luz del gimnasio se filtraba entre las cortinas, pintando el suelo de sombras mientras el sudor de nuestros cuerpos se mezclaba con el olor a cuero de los bancos. Yo ya lo tenía claro: Rico Marlon, ese oso musculoso con su culo prieto y su polla gruesa, no iba a resistirse a mi reto. Le dije que si podía hacerme gemir como una perra en celo, pero en el fondo sabía que yo también lo quería entero de golpe, hasta hacerle tocar el cuello del útero. Caio Vilar, ese twink flaco pero con una boca de puta, se arrodilló primero, chupando mi clítoris con tanta fuerza que me hizo arquear la espalda. Yo le agarré del pelo, empujando su cara contra mi coño mojado, mientras Rico se ponía detrás de mí, frotando su verga entre mis nalgas. '¿Vas a poder aguantar esto, cabrón?', le desafié, y él solo gruñó antes de clavársela de una estocada, llenándome hasta que las caderas chocaron. Cada embestida era un golpe seco, el sonido de su piel contra la mía resonaba en el gimnasio vacío. Yo gritaba, le rogaba que no parara, pero en realidad era yo quien lo dominaba, moviendo el culo para que me follara más duro. Caio no se quedó atrás: se paró frente a mí, me hizo abrir la boca y me corrió en la lengua, caliente y espeso, mientras Rico me empotraba desde atrás. En más de 10 minutos de escena, los tres terminamos sudando, jadeando, pero lo que más me excitaba era saber que había ganado la apuesta. Rico no pudo conmigo, y eso me hizo sentir más puta que nunca. Ahora, mientras me limpio el semen de las tetas, solo pienso en cuándo repetir.