Pequeña y dulce sumisa se pone de rodillas ante ti
Aquí está arrodillada, con las manos temblorosas descansando en sus muslos mientras te mira con esos ojitos suplicantes que te van a poner la polla dura al instante. Imagínate el momento en que te inclinas para agarrarle el mentón con fuerza, obligándola a abrir esa boquita rosada que ya chorreaba de anticipación. Le susurras al oído las órdenes claras y humillantes que la van a hacer gemir como puta en celo: 'Abre, perra, y chupa hasta dejarme seco'. Siente cómo su lengua tímida al principio se vuelve ansiosa, siguiendo cada comando tuyo sin importarle su orgullo, solo buscando tu aprobación. Cuando le ordenas que se ponga de pie y se incline sobre el escritorio, te vas a deleitar con cómo esa culerita apretada se contrae de nervios antes de que la llenes de una estocada brutal que la hace gritar. Vas a sentir cómo su coño se aprieta alrededor de tu verga cada vez que la empotras contra la madera, marcándole el ritmo con golpes que le hacen perder el aliento y rogarte por clemencia entre lágrimas. Pero tú no tienes piedad, solo la empujas más fuerte, sintiendo cómo sus muslos tiemblan cuando te corres dentro, llenándola hasta que el semen le gotea por los muslos. Cuando te retiras, su mirada avergonzada pero satisfecha te dirá todo lo que necesitaba oír: 'Así me gusta, putita obediente'