Padre adoptivo castiga a sus hijastras traviesas con una mamada a muerte
Dani Blu y Penelope Woods desafían a Ike Diezel con una apuesta: él jura que las hará gemir hasta quedarse roncas, pero ellas le aseguran que su polla no aguantará ni cinco minutos. Ella se arrodilla frente a él, deslizando los labios por el tronco grueso hasta que la cabeza rebota contra su garganta, ahogando un gemido mientras las lágrimas brotan de sus ojos. Penelope le agarra las pelotas, apretando justo cuando él empuja hacia adentro, enterrándose hasta que el cuello de la útero le quema. La saliva gotea entre sus muslos abiertos, mezclándose con el fluido que mana de su coño empapado. Ike gruñe, agarrándole el pelo para follarle la boca a un ritmo salvaje, cada embestida hace que las mejillas se hunden y el sonido húmedo rebota en las paredes. Dani Blu se sube encima, sentándose sobre su cara mientras Penelope sigue tragando con tanta fuerza que se le marcan las venas en el cuello. El sudor les escurre por la espalda, la cama cruje bajo el peso de sus cuerpos entrechocando. Cuando Ike por fin se corre, llena la boca de Dani hasta que el semen le escapa por las comisuras, goteando sobre sus tetas. Penelope se limpia los restos con un dedo y lo lame con una sonrisa victoriosa, dejando un hilo de líquido plateado colgando de su barbilla.