Monica ofrece su culo a esa polla monstruosa en una escena 3D
Aquella tarde gris, con el frío calándome los huesos, me di cuenta de que no aguantaba más: necesitaba sentir esa verga de otro mundo enterrada en mi culo hasta que me doliera el alma. El tipo, con su traje de manga 3D, me miró como si fuera a devorarme, y yo solo pude morderme el labio pensando en lo que venía. Cuando me agaché, sintiendo cómo sus manos me abrían las nalgas con rudeza, supe que esto sería diferente: la cabeza de su polla era más grande de lo que imaginaba, como un maldito puño de carne. Me la metió de una sola estocada, y gemí tan fuerte que el eco rebotó en las paredes vacías. Te juro que sentí cada venita, cada pulsación, mientras él no paraba de empujarme como si mi culo fuera un puto trampolín. Lo mejor fue cuando noté que no se corría: se quedó hueco adentro, retorciendo las caderas para que yo no olvidara ni un segundo que era suya. Hasta que al final, entre espasmos, me llenó entera de leche caliente, y aún así siguió moviéndose, como si quisiera asegurarse de que no se le escapara ni una gota. Ahora mismo, si miras bien, verás cómo gotea entre mis muslos, y la mancha en la alfombra sigue ahí, fresca y pegajosa, como un recordatorio de lo que hicimos.