Monica M se excita mostrando su pollita travesti
Monica M llegó con esos labios carnosos pintados de rojo oscuro y un culito apretadito que se le marcaba bajo el encaje negro de su tanga. Mientras se quitaba el sujetador de encaje, sus pezones duros asomaban como dos botones rosados bajo el vestido transparente, y él no pudo evitar soltar un gemido al ver cómo se le humedecía el coño al rozarse contra la tela. Con movimientos lentos y sensuales, se pasó la lengua por los labios antes de agarrarse de la barra del bar y arquear la espalda, dejando que su pollita travesti —aunque pequeña— se balanceara tentadora frente a su cara. Él no aguantó más: la agarró del pelo y la empujó contra la pared, sintiendo cómo su cuerpo temblaba de placer al sentir esos pezones duros rozándole el pecho mientras le susurraba al oído lo puta que estaba por dejarse follar. Monica M no solo le dejó chuparle la polla, sino que se la metió hasta el fondo de la garganta, ahogándose un poco mientras él le agarraba el culo con fuerza y le clavaba los dedos en la carne, marcándola con cada embestida. Cuando él le levantó el vestido y le bajó el tanga de un tirón, ella soltó un gritito ahogado al sentir el aire frío en su coño empapado, pero no tardó en gemir como una loca cuando él le metió dos dedos dentro mientras con la otra mano le apretaba los pechos, pellizcándole los pezones hasta hacerla gritar. La polla travesti, aunque pequeña, le cabía perfecta en la boca, y ella no paraba de babearle la verga mientras él le decía que era la puta más caliente que había visto nunca. Cuando él la empujó contra el sofá y se la empotró por detrás, Monica M no pudo evitar soltar un chorro de sus jugos al sentir cómo su pollita le rozaba las paredes del coño, y antes de que pudiera reaccionar, él ya le estaba corriendo el semen por dentro mientras ella se retorcía de placer con los ojos en blanco. El sudor le corría por la espalda mientras él le mordía el hombro y le susurraba que se corriera con él, y Monica M, exhausta pero satisfecha, se dejó caer contra su pecho, jadeando y con las piernas temblorosas de tanto placer.