Dos pollas negras me reventaron el coño sin piedad
Desde que se enteró de lo mojada que me ponía su prima transexual, mi marido no paró hasta convencerla de que me diera un buen revolcón con su primo negro. La muy puta se rio cuando le dije que no aguantaría dos pollas a la vez, pero ahora está ahí, con sus tetas duras y ese culo redondo bien apretado, esperando a que la empotre por ambos agujeros. Su primo, con esa verga gruesa y morada como un plátano maduro, me metió el capullo en la entrada del coño mientras ella me lamía los pezones duros como piedras. No pude evitar gemirle en la oreja que me estaba matando, pero él solo se rio y me dijo que tenía que aguantar más. La prima, con esa voz ronca y excitante, me susurró que quería sentir cómo se me llenaba el coño de leche negra caliente mientras su primo me reventaba el culo por detrás. No tuve opción: me tumbé boca arriba sobre la cama, con las piernas abiertas como una perra en celo, y dejé que me embistieran como bestias. Ella se puso encima de mí, cabalgándome con fuerza mientras su primo me metía la polla por el culo sin lubricante, haciéndome gritar de dolor mezclado con placer. La cama crujía con cada embestida, sus gemidos ahogados en mi cuello y los golpes de sus caderas contra mi culo sonaban como un tambor. Sentí cómo su leche espesa me inundaba el coño hasta rebosar mientras su primo se corría dentro de mí, llenándome de su semilla espesa y caliente que me escurría por las piernas. Cuando por fin se salieron, quedé hecha un desastre, con el coño palpitando, la boca llena de babas y el culo ardiente, pero con una sonrisa de oreja a oreja sabiendo que me habían dejado como una puta bien follada.